Categoría: mario levrero
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Curiosidad con la firma del Darno
Hace días que estoy por meterme un poco en cierto abanico de sentimientos y vivencias que he venido acumulando sobre mi amigo Eduardo desde su fallido cumpleaños 55 el pasado noviembre (por cierto, mañana hubiera sido el de Levrero: ¡el 69! Me cuesta creerlo, todo, la edad que tendría, la ausencia). Pero siento que no he podido hacerme el tiempo y el espacio –como dice F., se me terminó la jodita y ya estoy en el ruedo de la autodisciplina laboral otra vez). Pensé, entonces, en un lindo abrebocas, un aperitivo para empezar a marcar la presencia tan fuerte de D. en estos últimos tiempos. Parece sobrevolar mis días como una mariposa necia, como un sonámbulo, como un fantasma empecinado.Sé que a algunos de sus amigos y fans les gustará. Se trata de un mantelito de papel que me trajo el día de mi despedida rumbo a México en 1999; supongo que un pedacito mágico de bar con la chonga estampa del mapa de Uruguay le pareció una tábula óptima donde estampar sus cómicos versos (lo que más me gusta es la rima de “Coyoacán”, uno de mis lugares favoritos de la ciudad, con “Darnauchan(s)”). Lo pongo al derecho y al revés, porque la gracia es ver después su puño y letra; favor de aguzar la vista, que hay una hoz y martillo en la firma, como los hubo encima de su ataúd también.
Debo decir que aquel día de abril del siglo pasado coseché –además de su hermosa presencia, primer invitado en llegar a mi fiesta– una de sus chalinas que desde entonces tengo al lado de mi escritorio como inspiración y protección, una foto suya que me trajo, con guitarra y dedicatoria (saqué una de Levrero y Darnauchans juntos ese día, qué tino, qué destino, qué desatino), y varias llamadas telefónicas de Patricia enojada porque había venido (él dijo: “Vengo a despedirme… ¡aunque me cueste mi matrimonio!“). Qué buenos recuerdos, los repaso y me río sola. Así que hoy no quiero ni pensar en el desenlace, en todo ese desenlace previsible del barranca abajo y la confirmación de su muerte en 2007, como bien dijo Victor Cunha en el videoclip. Lo único que me consuela es concentrarme en su alivio, su descanso, su merecida salida del círculo del dolor y de ese miserable planeta Saturno que le apretó las clavijas desde el principio.
Triste destino de los escorpianos, según dicen.
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Cuentas regresivas
Es inútil escribir luego de que las cosas pasan y se procesan: los dragones ya batieron sus alas espinosas en las mazmorras y los sótanos secretos quitándonos el sueño, las serpientes marinas dejaron ver sus larguísimos cuellos-cuerpos emergiendo por un instante de nuestras profundidades más turbias, los felinos depredadores hicieron chisporrotear, casi por crueldad, su ancestral mirada enemiga del hombre en la noche eterna de los orígenes. Pero eso ya pasó, todos están convenientemente guardados en los zoológicos, las tiendas de mascotas y los cuentos infantiles, y uno respira protegido por sus rutinas, rituales y apuros cotidianos, ebrio de falsa inmortalidad (tan ficticia como los dragones y las serpientes marinas, tan agazapada la muerte propia como un tigre). Hubo un momento hace un mes o mes y medio en que creí que el medidor de voltaje emocional y existencial me saltaría en pedazos ante tantas movidas interiores, los bomberos de la vida llegarían -con sus sirenas y sus luces cargadas de metáforas- a apagar mis incendios, y hasta un comando antiterrorista se descolgaría de mi Sí Mismo hacia mi inconsciente con intención de doblegarlo e imponer sus visiones llenas de luz y de “lo tengo en la punta de la lengua, pero no existen las palabras para nombrarlo“. Escribir hubiera sido no la solución -porque no se trata de un problema, sino de un viaje- pero quizás sí el boleto, el acuerdo, el espacio, el “Hágase”, el mapa del tesoro, el hilo de Ariadna para volver a tejerme y retejerme, para desanudar, para poder fijarse más en las paredes, olores, ecos del laberinto, porque uno está seguro de que será conducido a su salida tarde o temprano. Y no pude hacerlo: las experiencias se agolpaban sin asidero en mi alma, como naipes desplegados, y yo ahí, perdida, sin calderín ni red, tocando pompas de jabón que sin remedio estallaban sin dejar ni huella.
Esto, por supuesto, me recuerda cosas que ya sé, como que escribir es un compromiso. No con una coherencia editorial ni una carrera, no con una identidad, ni siquiera con un público lector (que es, en el mejor de los casos, o debería ser, tan sólo una consecuencia). Escribir es un proceso de por vida, un idioma materno, una categoría kantiana que ordena lo impenetrable e inasible, lo que no se deja tocar. Escribir es como sería tomar los votos en un mundo en el que la religión institucionalizada realmente significara aquello a lo que apunta. Pero los votos se renuevan cada día, en el Ángelus, en la meditación, en los paseos alrededor del aljibe observando las flores y los pájaros, en el trabajo comunitario silencioso, en el claustro, en la celda al caer la noche, en los rezos a solas. Si no ingresamos al convento pensando en hacer allí la vida para siempre y en sagrado aislamiento (al menos simbólico, un rato por día), todo serán puros títulos, máscaras, disfraces mundanos sin contacto con Dios o como quiera que se llame eso que perseguimos. O que al menos yo persigo, cuando me adentro en mí misma y presto mi mirada para que se pose sobre el lomo cansado del mundo.
De más está decir que este doloroso alejamiento de mi propia escritura es algo que no me cierra en el balance 2008. Gran ventaja de los ciclos: ordenan las excusas e imponen finales desde la convención social para darnos otra oportunidad.
Creo que haré una cosa: empezaré de adelante para atrás, a ver si por alguna piedad del universo aún logro cazar alguna mariposa en la red, en la telaraña algún insecto. Alguien me dijo una vez en relación a la escritura que la araña teje la tela porque no tiene más remedio, porque es araña y no concibe no hacerlo. Si logra apresar algo en ella, bien, y si no morirá de hambre, pero lo hará siendo araña. Buscaré la cita: era mucho mejor que esta paráfrasis culposa, con todo eso que me ataca cada vez que me baño y veo por ahí una arañita ocupada en sus cosas.
El Año Nuevo nos encontró en Atlántida, balneario que -como Piriápolis- suena a épica, gestas y mitología griega. Muchos fuegos artificiales que lucían más por la edificación baja de la ciudad y el plan vacacional de los visitantes (parece que no repararon en gastar bastante comprando caras lucecitas que duran un brevísimo instante: bien hecho). Los tres solos, y esos bracitos celestiales que nos abrazaban a ambos a la altura de las piernas, mientras una vocecita emocionada de niño decía: “¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!”. Inolvidable. Si -según dictan mis supersticiones personales- el comienzo del año es una muestra significativa, un corte sincrónico de lo que será el ciclo entero, esto me da buen augurio [*]
Claro, de vivir realmente en un convento, real o simbólico, me perdería estas cosas. Preguntadle a mi bella y concentrada tocaya; yo hace un buen rato que dejé de ser Sor Soneto Onetto, como en la adolescencia.
[*] Bajo esta luz profética, prefiero no pensar demasiado en que tuve gastritis, es decir, que estaba enferma. Me fijaré solo en el buen clima de intimidad y en el hecho de haber cocinado una cena especial para mi familia, evento que por lo inusual merece ser publicado.
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Cositas mínimas que no logro entender del mundo (II)
¿Por qué, por qué, por qué tengo que estar procesando tantas cosas fuertes al mismo tiempo y no tengo tiempo para escribir? Hay épocas en que no pasa nada, la vida es un pantano de rutinas y apurones (salpicados con las inevitables y festejables cosas lindas), pero de pronto las placas tectónicas del alma hacen lo suyo, las sincronicidades se precipitan en un despliegue telúrico intimidante y los encuentros sacuden hasta hacer saltar la escala Richter del corazón.
Así estoy ahora. Tironeada, para variar, entre figuras clave de mi vida. Por ejemplo, el homenaje a Levrero en España. Por ejemplo, el cumpleaños-que-hubiera-sido-55 del Darno. Y todo lo que se mueve alrededor de estos ejemplos, que no son los únicos de estas fechas y siguen y siguen…
Prometo volver. En estos momentos debo acatar (y disfrutar al máximo) la llamada de mi vagabundo interior. Pero como dijo Schwarzenegger, co-estrella mío en Conan el Destructor (1984): “I´ll be back”.
Nota al pie: Jum… ahora que lo pienso, más que con el arquetipo del Vagabundo debo estar conectada con el arquetipo del Guerrero, tomando en cuenta la imagen. O el arquetipo del Banana, dicho en rioplatense…
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Tristemente, el mundo es un lugar predecible
Bué: ¡menos mal! Ya me estaba preocupando. El 30 le mandé un mail a Levrero, como cada tanto, a ver si se arrepintió y está allí de nuevo. La verdad es que me tenía algo nerviosa pues no se había rebotado; llegué a pensar que había vuelto pero estaba enojado, y por eso no me contestaba. O, peor aún, que alguien había registrado la casilla a su nombre, y que de ahí podía empezar a contestarle a la gente (no sé si eso es posible: espero no estar haciendo como esos programas tipo “CSI”, que le dan ideas a los asesinos!).
Pero hoy, al fin, llegó ese fatídico mensaje que recibí tantas veces hace como cuatro años…
Hi. This is the qmail-send program at relay00.pair.com.
I’m afraid I wasn’t able to deliver your message to the following addresses.
This is a permanent error; I’ve given up. Sorry it didn’t work out.alvartot@adinet.com.uy
200.40.30.218 does not like recipient.
Remote host said: 550 RCPT TO alvartot@adinet.com.uy User unknown
Giving up on 200.40.30.218. -
Cuatro años (30 de agosto, 2004)
Creo que fue el último día que vi a Levrero (al menos en esta vida), en su casa, durante una visita mía desde México. O quizás no: sé que la última vez que lo vi canté “Volver” desde el ascensor, poniendo cara de Gardel (ya que él opinaba que nos parecíamos… ¡no sé cómo compaginaba eso con el hecho de ser “la mujer más bella del mundo”, es para preocuparse!), y por eso, dudo que hiciera tal payasada que sólo él entendería con tanta gente presente. Llegamos del Mercado del Puerto y el Bacacay con varios alumnos del taller virtual que ansiaban conocerlo; con todos ellos, era el primer día que nos veíamos en persona y de ahí salieron amistades duraderas (el famoso Primer Congreso Offline de Letras Virtuales, juas!). No sé cómo aceptó recibirlos, pero fue un momento increíble; además, nos puso a escribir. Incluso estaba Chepsy, que había venido de La Coruña y era toda una institución del taller. Memorable.
La foto es malísima, claro, pero me recuerda más el apartamento, el “museíto” a la entrada (se ve atrás), la virgen sobre la puerta, el ascensor.
A tu salud, Master! “Volver” quiere decir que hay que reencarnar para encontrarse nuevamente en otra vida…
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Levrero en todas partes

Estoy en el wi fi del shopping, un wi fi medio lamentable pues no me permite bajar el correo, únicamente usar el navegador (por otra parte, es un método bárbaro para concentrarse en responder un aluvión de pedidos de informes sobre los talleres). Desde la vidriera de Mosca me mira un gigantesco Hulk, con las manos extendidas como queriendo agarrar no sé qué tesoros o pescuezos, el cuerpo enorme y musculoso, los pantalones cortos, la rabia verde desde el rostro. Y me parece, una vez más, una broma de Levrero, esa broma que continuamente iba y venía entre nosotros desde que nos asociamos con el taller virtual: yo era, según él, un Hulk, una especie de as del marketing, frontal, bestia, ambiciosa, práctica… en realidad no sé como describir la esencia hulkiana según Levrero, pero entiendo a qué se refería y me parecía risible! ¿Yo, temerosa de hacer una llamada telefónica, incluso a mis familiares y amigos? ¿Yo, insegura, nunca preparada? ¿Yo Hulk? ¿Qué extraño poder me veía, qué brutalidad comercial arrolladora? Claro, entre ambos yo era, seguramente, la que menos espacio tenía entre molécula y molécula, la más sensata, la que pensaba en que también era importante generar ingresos, la que ponía reglas, acuerdos y rajatablas. Con el tiempo, él tuvo algo de razón; por lo menos, es evidente que ahora me sé revolver bien con esto de la promoción de los talleres y que he sabido poner bien claras mis prioridades, mis energías disponibles, mis límites.Él, en cambio, para mí era Gasparín, Ghosty, el fantasma amigable. Cuando empezaba con su dialéctica de Hulk, “esa bestia se apodera de vos y perdés tu sabiduría!”, etc etc, generalmente yo lo despreciaba –y se lo decía, claro– como a un vil Gasparín, algodonoso y etéreo, lindo para vivir en el mundo de lo invisible pero no en esta tierra, donde hay que pagar cuentas, ir al supermercado, sufrir por la complicidad negada de la Divina Providencia (en la que él creía). Y así nos dábamos por la cabeza en nuestros asuntos comerciales: Hulk vs Gasparín, Gasparín vs Hulk, cada uno usando sus armas opuestas para convencer al otro. Después nos aceptamos; en el fondo, ambos teníamos razón. Pero si yo desarrollé facetas Hulk, creo que fue por tener un socio tan despegado de lo mundano: ¿quién iba a hacer el trabajo sucio para ganar nuestro bien merecido dinero, entonces?
Tuve el enorme gusto y el honor de que la Providencia, por mi intermedio, le pagara cuantiosas factura de UTE. ¿Qué más quiero que haber hecho lo que pude por Gasparín, que no se llevaba bien con la materia?
Y yo tampoco: yo me llevaba horrible con el mundo real, el mundo de los adultos, el mundo de las decisiones sensatas. Claro, desde sus ojitos blancos de fantasma, me volvía una bestia verde queriéndose llevar el mundo por delante. Qué iluso.Y ahora me acosa desde la vidriera con los recuerdos, como si no tuviera bastante.
Espero que tampoco me demanden por esta.
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Vacío
No soporto más ver la laxitud de mi blog, que fue hermosamente catalogado por Artemio Lupin como “melancolía y creatividad montevideana” en sus Artemio Lupin Awards a los diez mejores blogs de 2007 (hoy me enteré, no sé quién es esta persona, solo que vive en Chile y que es muy elegante según su foto de perfil). Pero justo hoy no tengo nada que decir.
O quizás sí, quizás tendría demasiado y el embudo no me alcanza. Son las 2:22 a.m. La noche está quieta allá afuera. Hay un brasilero macumbero en la televisión exorcizando demonios, y yo quisiera exorcizar los míos. Pero el embudo no me alcanza.
Igual, más vale poner algo aquí que me dé la impresión de que escribo.
Iba a poner solo la primera frase, pero la frase continuó por su cuenta…
El sábado hará cuatro años que murió Levrero. Astor tenía 15 días de nacido y estaba en mis brazos; por algún motivo, quizás propio de esos ángeles custodios que se compadecen en estos casos, esa mañana se me ocurrió llevarlo conmigo cuando bajé mi correo. Nunca lo había hecho. Y justo fue ese día, aquel momento congelado en que inocentemente abrí el mensaje de Chl, un correo con el subject “Re:” a alguna boludez mía de tiempo atrás. Me acuerdo que me dispuse a leer con agrado algun juego nuestro. Pero no, decía algo como “Esta mañana a las 9.35 hrs falleció Mario. No sufrió y estuvo rodeado de amigos y sus mujeres. Quería que lo supieras, ahora no puedo escribir”. En algún lado lo tengo guardado. Creo que fue la única vez en mi vida que la conciencia del duelo, de la muerte, de la pérdida y la separación me fulminó en el mismo momento en que me enteraba, y me puse a llorar inconsolablemente con aquel diminuto Astor en los brazos, que de algún modo me cuidó hasta que me encontró Guzmán. Cuando murió mi tío Pocho, cuando murió Ana, José Manuel, Manolo, incluso el Darno, me quedé paralizada hasta que pude aflojar. Pero con Levrero me atravesó el rayo. Sabía que nunca, nunca jamás lo volvería a ver, a oír, nunca más recibiría una mísera línea desde alvartot (y hasta la fecha, de vez en cuando, mando un correo solo para comprobar que rebota) ni podría preguntarle qué hacer con mi vida, la escritura, los talleres. Nunca me reiría tanto; nunca nos diríamos las verdades con alguien de ese modo, frontalmente, sin que se tambaleara un ápice nuestro cariño; nunca nadie –nunca más– me entendería del todo. El universo quedó desolado, yermo, lleno de árboles de otoño con los troncos carcomidos. Fue devastador. Chl fue ella misma otro ángel guardian para mí, y siempre le agradecí ese gesto de recordarme en el medio del temporal, de no dejarme librada a los siete mil kilómetros que me separaban de lo irreparable. Me hubiera enterado después y hubiera sido espantoso, traicionero, injusto. Al menos pude ir a inscribir a mi hijo al Registro Civil al mismo tiempo en que en Montevideo lo enterraban. Muerte y vida, ni modo. Era la letra chica del contrato.
Por eso, y aunque suene ridículo, lloré en la escena de Kung Fu Panda en la que el Maestro Tortuga se va a No Se Sabe Dónde, feliz, envuelto en pétalos de rosa, y le pasa el bastón al pobre maestrito comadreja (o lo que fuera ese bicho). Y el atribulado maestrito Shifu (bah, era un gran maestro, pero es que el otro era sobrenatural!) le ruega que no, que no se vaya, que no está preparado para la tarea. Pero al Maestro Tortuga no se le mueve un pelo, porque él está listo y lo único que quiere es la libertad, así que se desvanece entre las rosas con una sonrisa beatífica, como esas sonrisas raras que se nos aparecen en los sueños llenos de paz. Entonces Shifu se queda ahí parado, en medio de la noche, a las 2:58 a.m., con el bastón en la mano y preguntándose si acaso podrá con la tarea sin su Maestro.
Y claro que puede, la película lo demuestra: ¡entrena a Po, el panda protagónico, cultor de Mc Donald o su equivalente chino, gordito feliz, incapaz de tocarse la punta de los pies! Aunque que fuera tan negado era solo una apariencia, porque al final el maestrito Shifu resultó todo un estratega y logró motivarlo con lo que más le gustaba (la comida, en este caso). Nadie se convierte en un guerrero si no tiene madera. Y –ya sé que es una película– al final Po logró derrotar al malvado Tai Lung.
Sabemos, sin embargo, que todo eso es bastante poco probable. Porque en la vida real, nadie se preocupa del obeso panda Po ni del maestrito Shifu y mucho menos del Maestro Tortuga (en la web de Kung Fu Panda ni siquiera figura). Al mundo solo le interesan los Cinco Furiosos.
Como sea, yo lloré. Y también estaba Astor, en la butaca de al lado, con las piernitas colgando.
Levrero se murió por cabezón, o quizás porque amaba más el aroma de las rosas que el peso de los bastones. Y no pongo foto de Kung Fu Panda porque no quiero sufrir una demanda de Dreamworks.
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El morocho del Abasto, el ciudadano ilustre de Tacuarembó, el alma de Gardel
Entre tanta muerte falsa, una muerte a recordar de verdad
Adios Gardel!Si no colgaba algo en homenaje a 73 años de tu muerte, gran Carlitos, Levrero me mataría o más bien me matará!
Solíamos llamarnos “Carlitos” el uno al otro, y firmar “CG” indistintamente. Éramos (somos) parte del alma de Gardel, como tantos otros conocidos y desconocidos….
Una de las dos canciones que quiero que suenen en mi velorio a modo de despedida es “Volver”. Quizás porque en el fondo apuesto a la reencarnación.
No nos abandones nunca, y que siempre sean horas pares hasta el fin de los tiempos!
Sigan al Mago en Radio Clarín!
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Levrero: pedacitos en torno a “El secuestro de Ginebra” (Irrupciones)

Date: Tue, 4 Feb 1997 13:44:29 -0300 (SAT)
Subject: Gabriela, como estas????Hermanita, que pesadilla! Se ve que estuve toda la noche tratando de comunicarme. Soñe que te habian secuestrado unos tipo horribles, y yo investigaba sin resultado. Incluso entre en la casa de uno de ellos, mientras el dormia, pero se desperto y no pude revisar todo. El tipo tenia marcas de arañazos en el cuello, sobre las que se habia pasado tintura de yodo. Despues trate de convencer a uno de sus ayudantes, un tipo tan desagradable como el principal, mientras bajabamos en el ascensor, pero tampoco conseguia nada. (Finalmente caminaba y caminaba por caminos desiertos, en los que solo habia palmeras y palmeras. Pasaban autos, pero era como si pertenecieran a otra dimension; a los efectos de mi situacion, yo estaba solo. Y caminaba y caminaba. Sabia que tenia que encontrar algo parecido a un CONVENTO (una construccion de ladrillos, antigua) y cuando finalmente la encontraba, el lugar habia sido atacado y habia gente herida).Uffff! Ahora vine directamente a la computadora y quise ver si habia algun mensaje, pero adinet no da señales tampoco. Calculo que este es otro de esos dias dificiles. Ufffff! (Yo le decia a ese ayudante que tenian que soltarte, que yo te queria mucho, que eras muy importante para mi). (Se ve que estuve tratando de negociar con esos virus). En fin. Hago girar mis pulgares. C.G.
At 12:50 AM 25/02/97 -0300, you wrote:
¿No te has dado cuenta? Desde el secuestro, Gardel se disolvió (simultáneamente, claro, con la matanza de la gente del convento).
En serio, che. Algo pasó.Date: Thu, 15 May 1997 04:44:44 -0300 (SAT)
PS: realmente, en ese relato está muy claro que pasó algo, e incluso está muy claro qué pasó. Lo jodido del caso es que si bien la interpretación junguiana del sueño es válida (vos serias una proyección de mi ánima), al mismo tiempo se producen efectos materiales gordísimos y terminás reventándote vos. Por eso pienso en una superestructura que nos contiene, y que ALGO gordo pasó en esa superestructura, y estamos sufriendo las consecuencias de lo que allí pasó. Quiero decir, por si no está claro, que El secuestro de Ginebra es histórico.




