Etiqueta: 2008

  • 17 de abril reloaded

    Hoy es el día aciago en mi calendario. No necesariamente de mala suerte: además de los irreparables sucesos fatales a los que ha venido ligado desde hace quince años, hubo otros episodios que en realidad llevaron a estadios mejores, más plenos, y sin embargo no dejaron por eso de ser duros, muy difíciles de atravesar. Por ejemplo, la operación de G. en 1997 o la despedida rumbo a México en 1999. Toda transformación cuesta, cuesta mucho, al menos para los hijos de Saturno, siempre lentos y conservadores en sus procesos (…hasta que un buen día Plutón tira, ofuscado, el tablero: hasta hace poco, no había reparado en que no hay una regla escrita para eso, cuando de juegos se trata. Debería haberla, o quizás esté escrita y simplemente no sabemos dónde quedó el texto. ¿Quién podría, si no, proteger al caballero de El séptimo sello de un ultimatum desleal de la muerte?).

    Claro, los peores tributos de este día son mi tío Pocho, cómplice herido por el mismo rayo que yo, Ana, José Manuel. La propia Sor Juana Inés de la Cruz, la auténtica, murió un 17 de abril de 1695. O sea que mi relación con esta fecha viene de larga data ya.

    Sí, es un día que siempre me trae muertes consigo. Si se trata de que un aspecto o territorio conocido tiene que morir para dar paso a algo mejor o más auténtico, entonces la muerte no habrá sido en vano. Con todo su dolor, con todo el miedo que nos causa (de eso no se salva nadie), pero sería una elección, una decisión responsable. Porque también se podría morir cuando no hay otra alternativa, pero entonces el viaje se frenaría allí mismo, en ese instante: el auto se estrella y huele a alcohol, el metro pasa con su rugido horroroso, el corazón se detiene sin avisos ni adios alguno. No hay tierra prometida, en esos casos; no se trata de un riesgo. Es simplemente la muerte mala, no la bendita muerte.

    Veremos mañana -lo por venir- con qué clase de resacas y cardúmenes de este 17 de abril nos encontramos.

    Dice en este mismo blog, dos años atrás (y nótese la alusión a los terremotos, hoy tan preocupantemente en boga):

    “El calendario azteca tenía 18 meses de 20 días cada uno, y un mes llamado nemontemi de sólo cinco días y seis horas, lapso considerado como aciago por lo cual se interrumpía toda la actividad ordinaria, se ayunaba, se buscaba la instrospección, todo se vaciaba. Correspondía al fin del año civil, es decir, el nemontemi siempre implicaba un nuevo comienzo, o al menos hasta el fin del sol en curso (por cierto, este Quinto Sol terminará posiblemente por terremotos en diciembre de 2012, así que a dejar los asuntos pendientes en orden, por las dudas!). Bueno, yo al igual que los aztecas, también tengo mi “día nefasto”, ese día en el calendario personal en el que pueden pasar las cosas más tremendas e intensas, y que no se sabe bien por qué hay una tendencia a que se ubiquen allí, que se encaramen desde su extraña naturaleza cíclica.”

    Estoy empezando a pensar que todo el mundo debe tener, seguramente, su propio nemontemi, su día aciago en el calendario. Sólo que yo soy, quizás, más observadora, archivista obsesiva, y para colmo creo en las señales, en el diálogo silencioso con el universo, en el dibujo que forma el tapiz visto desde arriba. Por eso repito y adapto, pero nada cambio de lo de hace dos años, el final de lo escrito entonces:

    Día aciago. Cerrar las ventanas. Temblar ante cada correo que baja. Convocar a los dioses para que nos permitan mañana, domingo 18, “”un nuevo comienzo”. Recordar a los que se fueron. Abrir el paraguas. Rezar bajito. 


    Leer más de esta aciaga historia en:
    http://adioslevrero.blogspot.com/2008/04/el-da-aciago-de-mi-calendario.html

     

  • Cuentas regresivas

    Es inútil escribir luego de que las cosas pasan y se procesan: los dragones ya batieron sus alas espinosas en las mazmorras y los sótanos secretos quitándonos el sueño, las serpientes marinas dejaron ver sus larguísimos cuellos-cuerpos emergiendo por un instante de nuestras profundidades más turbias, los felinos depredadores hicieron chisporrotear, casi por crueldad, su ancestral mirada enemiga del hombre en la noche eterna de los orígenes. Pero eso ya pasó, todos están convenientemente guardados en los zoológicos, las tiendas de mascotas y los cuentos infantiles, y uno respira protegido por sus rutinas, rituales y apuros cotidianos, ebrio de falsa inmortalidad (tan ficticia como los dragones y las serpientes marinas, tan agazapada la muerte propia como un tigre). Hubo un momento hace un mes o mes y medio en que creí que el medidor de voltaje emocional y existencial me saltaría en pedazos ante tantas movidas interiores, los bomberos de la vida llegarían -con sus sirenas y sus luces cargadas de metáforas- a apagar mis incendios, y hasta un comando antiterrorista se descolgaría de mi Sí Mismo hacia mi inconsciente con intención de doblegarlo e imponer sus visiones llenas de luz y de “lo tengo en la punta de la lengua, pero no existen las palabras para nombrarlo“. Escribir hubiera sido no la solución -porque no se trata de un problema, sino de un viaje- pero quizás sí el boleto, el acuerdo, el espacio, el “Hágase”, el mapa del tesoro, el hilo de Ariadna para volver a tejerme y retejerme, para desanudar, para poder fijarse más en las paredes, olores, ecos del laberinto, porque uno está seguro de que será conducido a su salida tarde o temprano. Y no pude hacerlo: las experiencias se agolpaban sin asidero en mi alma, como naipes desplegados, y yo ahí, perdida, sin calderín ni red, tocando pompas de jabón que sin remedio estallaban sin dejar ni huella.

    Esto, por supuesto, me recuerda cosas que ya sé, como que escribir es un compromiso. No con una coherencia editorial ni una carrera, no con una identidad, ni siquiera con un público lector (que es, en el mejor de los casos, o debería ser, tan sólo una consecuencia). Escribir es un proceso de por vida, un idioma materno, una categoría kantiana que ordena lo impenetrable e inasible, lo que no se deja tocar. Escribir es como sería tomar los votos en un mundo en el que la religión institucionalizada realmente significara aquello a lo que apunta. Pero los votos se renuevan cada día, en el Ángelus, en la meditación, en los paseos alrededor del aljibe observando las flores y los pájaros, en el trabajo comunitario silencioso, en el claustro, en la celda al caer la noche, en los rezos a solas. Si no ingresamos al convento pensando en hacer allí la vida para siempre y en sagrado aislamiento (al menos simbólico, un rato por día), todo serán puros títulos, máscaras, disfraces mundanos sin contacto con Dios o como quiera que se llame eso que perseguimos. O que al menos yo persigo, cuando me adentro en mí misma y presto mi mirada para que se pose sobre el lomo cansado del mundo.

    De más está decir que este doloroso alejamiento de mi propia escritura es algo que no me cierra en el balance 2008. Gran ventaja de los ciclos: ordenan las excusas e imponen finales desde la convención social para darnos otra oportunidad.

    Creo que haré una cosa: empezaré de adelante para atrás, a ver si por alguna piedad del universo aún logro cazar alguna mariposa en la red, en la telaraña algún insecto. Alguien me dijo una vez en relación a la escritura que la araña teje la tela porque no tiene más remedio, porque es araña y no concibe no hacerlo. Si logra apresar algo en ella, bien, y si no morirá de hambre, pero lo hará siendo araña. Buscaré la cita: era mucho mejor que esta paráfrasis culposa, con todo eso que me ataca cada vez que me baño y veo por ahí una arañita ocupada en sus cosas.

    El Año Nuevo nos encontró en Atlántida, balneario que -como Piriápolis- suena a épica, gestas y mitología griega. Muchos fuegos artificiales que lucían más por la edificación baja de la ciudad y el plan vacacional de los visitantes (parece que no repararon en gastar bastante comprando caras lucecitas que duran un brevísimo instante: bien hecho). Los tres solos, y esos bracitos celestiales que nos abrazaban a ambos a la altura de las piernas, mientras una vocecita emocionada de niño decía: “¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!”. Inolvidable. Si -según dictan mis supersticiones personales- el comienzo del año es una muestra significativa, un corte sincrónico de lo que será el ciclo entero, esto me da buen augurio [*]

    Claro, de vivir realmente en un convento, real o simbólico, me perdería estas cosas. Preguntadle a mi bella y concentrada tocaya; yo hace un buen rato que dejé de ser Sor Soneto Onetto, como en la adolescencia.

    [*] Bajo esta luz profética, prefiero no pensar demasiado en que tuve gastritis, es decir, que estaba enferma. Me fijaré solo en el buen clima de intimidad y en el hecho de haber cocinado una cena especial para mi familia, evento que por lo inusual merece ser publicado.

  • ¡Feliz cumpleaños, Mafalda! (¿otra vez?)

    “A sus 45 años la niña idealista y revolucionaria todavía da mucho de qué hablar”.

    28 de octubre

    Comparto fecha con Julia Roberts, Bill Gates, Joaquin Phoenix, Ramón del Valle Inclán, Eros Ramazzotti, en fin… Encontré un horóscopo para los que nacimos este día que es más develador que una radiografía dental; por lo menos yo me sentí identificada en unas cuantas cosas que no son precisamente vagas. Después lo perdí, pero básicamente parece que tenemos cierto problemita con el poder: mandar, organizar, liderear. Y toda la parte oscura, claro.

    Los escorpio somos un caso serio, dicen. Y algo de cierto habrá: mi querido Darno (otros de por acá: mi otro amigo Fernando Loustaunau y Dani Umpi, juas!), Sor Juana Inés de la Cruz, Sylvia Plath, Hillary Clinton, Evo Morales, ¡Caro Quintero!, Andres Manuel El Peje Lopez Obrador, Lula, Charles De Gaulle, Chiang Kai Shek, Picasso, San Agustín de Hipona, Ezra Pound, Richard Burton, Winona Ryder, Robert F. Kennedy, Teodoro Roosevelt, Daniel Ortega, Kevin Kline, Leonardo Di Caprio, el shah de Irán, Martín Lutero, Condoleezza Rice (nótese la cantidad de líderes medio tiránicos y gobernantes que tenemos), Larry Flynt, Ted Turner (segundo millonario), Martin Scorsese, Ang Lee, Indira Gandhi, el príncipe de Gales, María Antonieta, Roberto Begnini, Pelé, Bryan Adams, Joni Mitchell, John Keats, Dylan Thomas, Marie Curie,León Trotsky, Claude Monet, Demi Moore, Gael García Bernal (también tenemos miradas intensas: revisen para atrás), Jodie Foster, Grace Kelly, Meg Ryan, Brittany Murphy, Ethan Hawke, Whoopi Goldberg, Goldie Hawn, Bo Derek, Diego Maradona, Nadia Comaneci, Pedro Infante, Albert Camus, Delmira Agustini, Fiodor Dostoievski, Robert Louis Stevenson (Dr. Jekill and Mr Hyde, je je), Bram Stoker (Dracula), Charles Manson y, bueno, hasta Hernán Cortés.

    Todas patrañas sobre nosotros. Casualidades. Nadie tan odiado como el que vuela, dijo Nietzsche.

    Me pregunto si ya habré empezado (el destacado en negrita es mío).

    ESCORPION
    ( del 24 de octubre al 22 de noviembre)

    Signo de agua atravesado por el Sol. Dominado por Plutón y Marte. De gran actividad. Deseo de posesión, afán de poder, mucho dinamismo e impresionante fuerza de voluntad. Luchadores de nacimiento. Nada ni nadie los hará desistir de sus proyectos. Reservados. Muy celosos de su intimidad. Conscientes y responsables de su trabajo. Dotes para mandar. No aguantan que nadie les ordene sin sentido ni deber. Buenos y generosos con sus amigos. Gustan de los misterios de las ciencias ocultas o por la vida en el más allá. Desde niños se impondrán a los mayores. Incomprendidos por el mundo. Buenos padres. De viejos serán gruñones, egoístas y desconfiados. Su inteligencia les llevará a superar las situaciones más comprometedoras y saldrán airosos de los líos gordos. Todo les será posible. Negociantes, les gusta regatear y son tacaños con los demás pues siempre piensan con miedo en su futuro económico. No aguantan que nadie les lleve la contraria. Administran su propia economía y no darán cuenta a nadie ni de sus gastos ni de su vida. En el amor será poco feliz. Muchos amantes. Excelente amante. Buen matrimonio, si lo consuma, porque no cree en él. Difíciles de entender. La maléfica influencia de Plutón les predispone a ser débiles ante la enfermedad y la soledad. Sus nervios les podrían desatar una fuerte depresión. Más de uno, a lo largo de su vida, piensa en el suicidio y la muerte como solución a los problemas. Tendrá que cuidar sus articulaciones, prestar más atención a sus bajadas de tensión y mareos. Evitar disgustos y estrés. Gustan del peligro. Vengativas y apasionadas.

    …y, luego, para rematarla…

    LAS PERSONAS NACIDAS UN 28 DE OCTUBRE SON
    Emotivas y tercas, cuando están convencidas de que las cosas son como las ven. Tendrán éxito por su constancia. Sufrirán altibajos económicos. Su carácter es decidido. Les gusta trabajar y se esfuerzan al máximo para lograr su objetivo. Se dice que los nacidos en este día logran lo imposible. El mejor ejemplo de los nacidos en este día es el santo San Judas Tadeo.

    Sin duda, la mayor celebridad que festejará siempre el mismo día que yo es San Judas Tadeo, abogado de los casos difíciles y desesperados. Es práctico contar justo con él como el santo propio, la verdad es que no pude haber tenido mayor tino para nacer… Me envidio a mí misma.

  • La Pistolera…. c´est moi!

    ¿Qué clase de blogger de pacotilla deja pasar un momento como el primer festejo del Grito de Independencia al que –por fin– logra concurrir en Uruguay? ¿Y de qué calaña innombrable estará hecho, si recurre a las maravillosas crónicas de una amiga escritora, en vez de sentarse y recrearlas por sí misma?

    Vergonzoso lo mío. Pero acá está: el 15 de septiembre de 2008, en el ex Parque Hotel. Una noche divertida, llena de cerveza y tequila, guacamole y mariachi. Hubiera querido lanzarme al día siguiente a contar la experiencia surrealista de escuchar y ver a la banda de la Armada Nacional tocando canciones de Juan Gabriel, mientras un marinero querendón le robaba la noche a los mariachis. Esa escena, en la que se me juntaban ambos países y se encimaban visiones en una especie de Photoshop existencial, mientras pensaba –al calor de los alcoholes, claro– que este, precisamente, era un país que había vivido una dictadura militar, ese momento no tiene con qué pagarse. Y que ahora nos entretenían estos buenos muchachos, que no tenían culpa ni recuerdo de nada, en un instante poético extraño, quizás malabarismo de diplomacias entre gobiernos, cantando con nosotros “De qué manera te olvido”. Mientras –para coronar la noche, cual cereza en pastel– Soraya y sus amigas mexicanas, en primera fila, gritaban como groupies y ella me decía, con su gracia característica: “¡Ya le tiré el brassier al cantante!”

    A la mañana siguiente, los sucesos terroristas de Morelia durante ese Grito me amargaron la noche en retroactivo y no tuve ganas de escribir. Por segunda vez cantaba rancheras en el Parque Hotel, recordé luego (la primera vez fue luego de la primera gran degustación de vinos, en 1996, cuando se juntaron todas las bodegas uruguayas de la mano de Cava Privada: nosotros, jóvenes dionisíacos, macerados en deliciosas uvas de la Patria, terminamos como convidados de piedra en ya desiertos salones, genuino producto de la decadencia del evento, y yo canté ante improvisado auditorio de borrachos y porteros “Ella”, “El rey” y quizás, no estoy segura, “No volveré”). Pero esta vez fue con mariachi y ni siquiera tuve la culpa: el cantante me subió a la tarima. Fue muy divertido. Sin embargo, al otro día me sentí culpable al imaginarme la fiesta número uno de México empañada para siempre por muertos y heridos.

    Por suerte, estaba Ana Arjona presente (otra de las “mujeres con hormonas”) para no dejarme perder el momento para siempre. Aquí está su relato.

    La Pistolera II

    Un marecito de cerveza va cubriendo lento el salón de parquet donde los tacos se asordinan delictuosos, los vestidos comienzan a crujir, las palabras están todas por decirse y las piñatas tiñen ya el aire con alaridos de colores. Sus olitas rubias chocan y van a morir detrás de las columnas y debajo de las mesas de largos manteles blancos, con espumoso murmullo juguetón.
    Las gentes se van embebiendo suavemente en ellas. Abrazos y palmoteos –primero con el brazo derecho arriba, luego con el izquierdo- apretones de manos, antiguo lenguaje finalmente aprendido, comentarios, sonrisas y carcajadas dan cuenta del buen humor y la alegría de los reencuentros abraza el aire.
    A la grupa de las chelas rubias de cuello largo o de los caballitos llenos de tequila transparente que navegan sin cesar sobre las redondas bandejas, aparece otra algarabía, más bella, más enérgica, casi salvaje. Salta con click de cajita de sorpresa y sale a escena. Es la que arremete los quince de septiembre al acercarse la medianoche cuando
    la ceremonia llega a su punto culmine.
    La densidad de los himnos bate en las entrañas.
    La bandera, aunque quieta, parece flamear por sobre el mundo
    La sangre se agolpa acechando el momento del grito.

    -¡Que Viva México!
    -¡Que Viva México!
    -¡Que Viva México!

    El pabellón se retira entre aplausos. Aparecen los mariachis.
    El son de guitarras, trompetitas, violines y guitarrones fusionado a las inigualables voces, suelta los últimos cabos de la nostalgia por la patria lejana. Ya en un revuelo de faldas y rebozos, miradas y zarandeos, el baile se desliza.
    En una de esas vueltas, se la ve cuchichear al oído del cantante perdido como ángel del camino.
    Y de golpe, subida ya a la tarima, compartir el micrófono.
    El solista la abraza y la cubre con el sombrero negro de ala ancha.
    Un calor de manzana irradia su bello y agudísimo perfil.
    Surge la voz como desde la infancia, delicada y grave. Arrastra las raíces de otra tierra. Exige ser escuchada. Trae el desgajado amor a México. Oscura y redonda, cruza los territorios. Se la puede palpar. Es verdadera.

    No volveré, te lo juro por Dios que me mira
    Te lo digo llorando de rabia
    No volveré.
    No volveré hasta ver que mi llanto ha formado
    Un arroyo de olvido anegado
    Donde yo tu recuerdo ahogaré!

    La canción habla del desamor exuberante, del amoroso odio. Pero genera el efecto contrario. Un camino de pasión de ida y vuelta, mantiene fuertemente conectados a los allí reunidos, mientras cantan, maldicen y vociferan vibrando en la misma tensión.

    De pronto, dando una magnífica, dramática vuelta de tuerca, ella la relanza con maravillosa picardía. Se vale de la mirada relampagueante de estrellas y del sombrero cómplice. Emerge como vestal guerrera. Arremete hacia el público. Pero todo su cuerpo, sus vaivenes, las sombras de sus flechas, los brazos extendidos y los dedos-dardos que salen de su último refugio, lo buscan a él.

    En el tren de la ausencia me voy
    Mi boleto no tiene regreso
    Lo que quieras de mi te lo doy
    Pero no te devuelvo tus besos!

    Admirado, divertido, amorosamente sorprendido, su cámara no cesa de disparar doblegada ante la imponente majestuosidad de la mariachi en que se ha convertido.

    Septiembre de 2008.
    Para la Reina del Mariachi Oriental

  • Signos sospechosos

    Estoy empezando a incubar una sospecha sagaz: por estos lares, entre el lunes y hoy nos acercamos de golpe a una frontera cíclica para tener en cuenta. Varias señales delatan inequívocamente la transición ritual a la que nos enfrentamos. No hay más remedio, aquí vamos de nuevo:

    1. En casa encargamos dos toneladas de leña y la estufa empezó a acompañar con su noble fuego desde el centro del patio con claraboya
    2. Compramos garrafa para que mis alumnos del taller no se acobardaran y estuvieran contentos durante nuestro segundo encuentro: fue cálido en los tres grupos, por suerte (en todo sentido, digo)
    3. La caldera sonó por las noches, no para preparar habituales mates y tés, sino para -oh, vergüenza, ya en abril!- llenar mi ahora desempolvada bolsa de agua caliente. Qué felicidad, hasta octubre no paro!
    4. Guardé la ropa estival en una caja que la ropa abrigada le dejó libre.
    5. Reaparecieron las camisetas para mí y para Astor (mi abuelo Tito era un fanático, las usaba gran parte del año hiciera frío o calor para evitar los cambios bruscos de temperatura a los que nos tiene acostumbrados este país: noche del lunes, 3 grados, pronóstico para el jueves, 26).

    En la escuela nos enseñan que cada estación dura tres meses, así que el invierno estaría empezando por el 21 de junio… si eso fuera cierto. En Uruguay en verdad dura seis meses, pero digamos que su comienzo y su fin es más leve que ese gélido epicentro trimestral. Bueno, lo publico aquí: alerta, alerta, el invierno está empezando. Se ve venir, amenaza, resfría, enfría. Pero por ahora con sol ¿qué más puede pedirse? Es un cambio de óptica solamente, un reajuste emocional: lo climático es sólo un detalle colateral sin importancia. Mi amiga P. decía que a ella le hubiera gustado conocer las playas en invierno, que en México -con su verano eterno en las costas, a nivel del mar- era difícil imaginarse a Dashiel Hammett ensimismado caminando contra el viento, bien abrigado, con el mar rugiente al lado.

    Tiene su encanto. Sí, tiene su encanto, seguramente tiene su encanto (hacer planas cada mañana, al despertar y tener que salir de la cama al gélido patio de una casa centenaria).

    Y bueno, es lo bueno de los ciclos: finalmente, podemos contar con ellos. Pronto podré decir con propiedad, otra vez, como cada año hace tres años: “Montevideo, casi la Antártida“.

    Ver “La marcha de los pingüinos“, en cómica versión 30 segundos de Angry Alien Productions

  • Las tribulaciones del Ave Fenix

    Hoy empiezo un nuevo ciclo, tres grupos del taller de motivación literaria anual.

    Entre los participantes, hay algunos alumnos de los miércoles del año pasado que ahora han quedado distribuidos entre las nuevas opciones de horario, por lo tanto ya no es aquel querido grupo que fuimos cultivando a lo largo de un año. Las “veteranas de guerra” de los jueves fueron dadas de alta por mí (es un decir: la locura literaria nunca se cura, si está bien puesta), arrojadas en cruel sacrificio a las fauces de la autogestión, juas! (las extrañaré horrores, casi tres años compartiendo con algunas, y no sólo letras sino vinos, risas, premios, y anécdotas impactantes como la fugaz irrupción de “Llamó Usted”). Por suerte también empiezan varias del taller de historia personal de este año: luego de ese rito iniciático de la autobiografía, uno siente que se conoce hasta el tuétano, aunque haya compartido sólo cinco encuentros! Los demás son todos nuevos, buaaaaa!!! (ellos deben pensar lo mismo; lo bueno es que por lo general en poco tiempo se arma un buen ambiente, mágico, muy sincero y fértil en descubrimientos, en destapes, en exploraciones, pero no quita que al principio todos estemos a la expectativa).

    Qué lindo es cuando estas actividades se nos vuelven a todos, los que coordinamos y los que asistimos (porque yo también he participado de mil y una propuestas en varias áreas), parte de nuestros pilares, de los rituales buenos de la semana, un punto más de la lista del “haber”, un contacto momentáneo con el sentido. Ya llegará. Tengamos listas las copas para ese día. Lo cierto es que sí, este año terminó algo que cumplió su ciclo y empezó (empieza hoy, a las 20 hrs) algo nuevo, con nueva gente, con nuevos códigos que iremos inventando. Y el Ave Fenix se despide una vez más, destruye, termina, y vuelve a surgir… (al fin y al cabo soy de Escorpio, abusen, nomás, que acá siempre nos regeneramos!)