Etiqueta: música

  • La inmortal y el reloj de la muerte


    V. no puede abrir el link de Cómo y cuándo moriré desde el blog; le mandé la URL aparte y tampoco puede. “¿Seré inmortal?”, se pregunta. La muerte propia (la de todos los allegados, en realidad, pero ¿quién más allegado que uno mismo?) es siempre una gran sombra junguiana en nuestra agenda. Yo hice el test hace tiempo y me dio que moriré a los 72 de un ataque cardíaco; la noticia era festejable! Primero, porque nunca pensé pasar de los 27, como mucho (Jim Morrison, Janis Joplin, Nick Drake… no sé por qué me identifico con músicos semisuicidas)(sin comentarios, D.); ya ando como 15 años más allá de la fecha prevista para la jubilación celular y tan campante, pero que me digan que tengo chances de llegar a ser una septuagenaria: JUAS!

    La otra parte de la noticia era igualmente buena: un ataque cardíaco. El tiempo suficiente para que la película de la vida pase rápidamente frente a mis ojos y pueda articular: “Dios mío, perdona mis pecados y mándame al Cielo“, pero sin agonías y largos deterioros. Bastante conveniente, me parece. Ojalá el test sea confiable. El que quiera probar suerte (está en inglés) puede ir aquí.

    También recordé, por ese bloqueo poderoso de V. que es capaz de desactivar links en la web -bruja al fin-, que también hay un Reloj de la Muerte; el mío en algún momento lo tuve funcionando, es una sensación extraña. Voy a pasarle esa opción, a ver si también puede con ella. Esa chica tiene que lidiar con su propia mortalidad antes de que sea demasiado tarde.

    Pero paren las rotativas!: justo encontré este otro, The Jung Type Death Note Test. Parece que invoqué a Jung, el Maestro del Maestro, con lo de la muerte y la sombra…

    Sí, sí, ya sé que a esta Señora Muerte, muertecita, pelona, calaca, huesuda o como se llame no se la controla ni se la conoce realmente ni con todos los tests del mundo (¡y mucho menos de OKCupid.com!), pero siempre sirve tener el recordatorio del relojito. Memento mori.

  • Ultimo adios

    No será Bob Dylan, pero vale igual. Hasta la vuelta!


  • A traves del espejo

    Esto lo escribió en 2004 Miguel Lagorio allá en México; es un fragmento de su artículo En torno a la nostalgia, la música y la radio, columna sobre música “Algunos bemoles” del portal Fiesta de la Pasta que publicamos con algunos amigos durante algún tiempo:

    Eduardo Darnauchans y su “A través del Espejo” fueron otro muy buen ejemplo de cómo hacer un programa de radio atractivo sin pretender que la música que se difundía (la que a él le gustaba) fuera emblema de mayorías; muy por el contrario reconocía que su público nunca sería masivo y esto de alguna manera era parte de su gesto: el trovador de baladas melancólicas, culto, lector de la saga artúrica y de los poetas provenzales; musicalizador de alguno de ellos mismos, tomando el micrófono no ya para cantarle a la penumbra que se abría más allá del escenario, sino para dejar fluir otras voces ilustradas por su propia voz pausada, dialogando con quienes de este lado lo escuchábamos sobre cada canción o intérprete que elegía.
    Acotado casi exclusivamente al rock y Beat de los sesenta, dándole cabida a grupos de los cuales se tenían pocas referencias como Procol Harum, Moody Blues, Easybeats, alternados con leyendas: Stones, Hendrix (donde Dylan, claro, tenía lugar preferencial) y a baladistas y poetas como Leonard Cohen, Donovan Leicht, Angelo Branduardi, Antoine, con alguna incursión (es lo que recuerdo) en torno a músicos montevideanos como Fernando Cabrera, Darnauchans se las ingeniaba para remar a contracorriente, remar canciones decía, y allí sí, desgranar la nostalgia que para él entrañaba cada canción.

    Lo que decíamos más arriba, no importa ser auto referencial, apelar a la memoria y experiencia personal en tanto algo se convoque; si son fantasmas, que no se termine adivinando que sólo era alguien debajo de una sábana.
    La nostalgia es un componente básico de la poética y las melodías de Darnauchans; acompaña ritualmente cada gesto de su voz, y eso permanecía, estaba presente en la radio, en la voz que se abría paso entre los nebulosos, cansinos y pesados acordes iniciales de “The Pusher” de Steppenwolf con que abría y cerraba cada emisión. En una frase; la sensibilidad de Darnauchans como compositor y cantor lo sostenía en la radio, su memoria personal, su nostalgia nos invadía cuando citaba la música de otros, de la misma manera que cuando él cantaba. Gozábamos con el eco de un goce auto referencial.

  • Ay, aquellos músicos de Tacuarembó!


    Lo que no dije es que como ya no pude seguir oyendo al Darno por esa hermosura ausente, puse a Gardel, que siempre me hace reir con su sonrisa socarrona y sus exageraciones… El querido Carlitos, parte de nuestra Alma.

  • Te puse la moneda para el barquero


    Te puse la moneda para el barquero sobre el ataúd, pero ni en ese último momento se me ocurrió decirte cuánto amaba tu música. Anoche me di cuenta de que en realidad jamás te lo dije: nunca supiste que era la fan número uno de tus canciones, tu poesía, tu voz, desde que pisé Uruguay a los 19 años. Compré todos los discos, fui a todos los recitales (incluso cuando ya te conocía personalmente). Pero nunca, nunca te comenté nada ni te dije que me encantaba lo que hacías, que tu música había sido un antes y despues en mi vida.

    Tan obvio era que no se me ocurrió. Quizás el excesivo respeto de no mezclar al ícono con el amigo, de no fastidiarlo con lo que -pensé- sabría de sobra. Qué machetería.