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(7 de marzo, 2007-2011)
Una fotito inédita para la ocasión. Es un videograma del material “de desecho” del videoclip Esta foto es muy Darno, me gusta mucho y la tengo enmarcada en mi altillo. Es el primer año que no vivo esta fecha con el alma apretujada por la tristeza. Estoy segura La ausencia de Eduardo, eso sí, será para siempre.
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Etiqueta: Sansueña
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Darno: un año más/ Electrocardiograma del duelo (13)
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El famoso videoclip del Darno
Bueno, aquí está Sansueña, rodado en 1991 en AFE una noche gélida. Las otras secuencias, en la Estación Colón, desconcertaron a más de uno que vio el letrero de “Sansueña” cuando iba a tomar el tren. Se verá en una de esas tomas que hay un cartelito antiguo de Coca-Cola (“…segunda en ferrocarril”): sea lo que sea, nos dieron un dinerito para contribuir con los gastos, que los bancamos todos nosotros (Alex de Alava, Agamenón Castrillón, que fue el autor de la idea, Mintxo Martincorena y una servidora). El clip fue editado offline en una institución pública que no mencionaré para no comprometer a nadie, y hay varias anécdotas sabrosas en torno a estos minutitos. Nunca imaginamos que sería el único video de la carrera del Darno (y ahora sí, el único). Lo que se escucha al principio es el final del track anterior, “Ni siquiera las flores” (que era lo que se escuchaba en el velorio real al llegar, por cierto, o al menos yo me lo imaginé así). La canción que Eduardo canta al final en la estación, parado e iluminado, es “A hard rain´s gonna fall” de Bob Dylan. Nunca me gustó que no coincidiera con lo que se escucha en el audio.Visto a la distancia, es un poco ingenuo a nivel de lenguaje, pero es lo que hay y ¡son más de quince años! De todos modos, esa toma casi al final del Darno fumando y mirando por la ventanilla del tren vale todo.
“Sansueña” ganó segundo lugar en un concurso organizado por la Presidencia de la República (el primero fue de Laura Canoura) y representó a Uruguay en su stand durante la ExpoSevilla 92. Yo escribí un guión para “De los relojeros”, que iba a filmarse en Amarcord (en mi mente, claro), pero al final nunca lo concretamos. Y los relojes siguieron adelante sin piedad.
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El edificio de enfrente
Anoche caminamos todo Ellauri con Astor y con G.; se supone que íbamos a mostrarle dónde vivíamos antes. “Primero vivía mamá sola allí…”, dijo G. “¡Ato!”, contestó sonriendo el otro. “Bueno, sí: Astor estaba pero no se veía”.
Ibamos llegando a mi famoso edificio, a la casa donde más tiempo viví en mi vida (13 años), a la única estable del traqueteo de mudanzas, ciudades, estadías, exilios, cambios; a “la taquicardia, el ritmo binario de caminar por la calle Ellauri“, al decir de D. (inevitable fue recordarlo, por lo mismo); y ahí lo vi de pronto.
A pocos metros de la casa de mi juventud, casi casi el edificio de enfrente. Qué ironía.
Y ahora para colmos sé (tarde) que Sansueña es, además, un pueblo español, no una geografía exclusivamente darnauchaniana. O sea que ni siquiera derechos de autor le podrán exigir al constructor o al dueño, pero las circunstancias de la pérdida del trovador les vendrá al pelo para vender lofts y garages con tufo a posteridad.
En la carta, D. me mandaba, entre otras cosas, “un ramito de Jazmín, una botella de 1/2 y 1/2, un vintén verdinoso, un relojero, tres flores de Lis, y un boleto con destino a Sansueña.com.uy”
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Ser de Sansueña
Ser de Sansueña
Acaso allí estará, cuatro costados
Bañados en los mares, al centro la meseta
Ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra
Original de tantos, como tú, dolidos
De ella y por ella dolientes.
Es la tierra imposible, que a su imagen te hizo
Para de sí arrojarte. En ella el hombre
Que otra cosa no pudo, por error naciendo,
Sucumbe de verdad, y como en pago
Ocasional de otros errores inmortales.
Inalterable, en violento claroscuro,
Mírala, piénsala. Árida tierra, cielo fértil,
Con nieves y resoles, riadas y sequías;
Almendros y chumberas, espartos y naranjos
Crecen en ella, ya desierto, ya oasis.
Junto a la iglesia está la casa llana,
Al lado del palacio está la timba,
El alarido ronco junto a la voz serena,
El amor junto alodio, y la caricia junto
A la puñalada. Allí es extremo todo.
La nobleza plebeya, el populacho noble,
La pueblan; dando terratenientes y toreros,
Curas y caballistas, vagos y visionarios,
Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,
Bien que ello te repugne, de su fauna.
Las cosas tienen precio. Lo es del poderío
La corrupción, del amor la no correspondencia;
y ser de aquella tierra lo pagas con no serIo
De ninguna: deambular, vacuo y nulo,
Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.
Si en otro tiempo hubiera sido nuestra.
Cuando gentes extrañas la temían y odiaban,
y mucho era ser de ella; cuando toda
Su sinrazón congénita, ya locura hoy,
Como admirable paradoja se imponía.
Vivieron muerte, sí, pero con gloria
Monstruosa. Hoy la vida morimos
En ajeno rincón. Y mientras tanto
Los gusanos, de ella y su ruina irreparable,
crecen, prosperan.
Vivir para ver esto.
Vivir para ver esto.
(Luis Cernuda)
