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  • Darno: un año más/ Electrocardiograma del duelo (13)

                                                                                                                       (7 de marzo, 2007-2011)

    Una fotito inédita para la ocasión. Es un videograma del material “de desecho” del videoclip  
    Sansueña, 1991 (tristemente, todo eso se perdió para siempre: era tan caro cada cassette 
    U-matic, que tuvimos que reciclar lo que no fue a parar al máster de poco más de un minuto). 
    En aquel entonces, imprimimos esta foto en no sé qué servicio de Sony que nos ofrecieron. 
    Salvo productoras archiprofesionales con equipamientos de US$ 50.000, nadie contaba 
    con todas las facilidades tecnológicas que hoy tiene cualquier PC; pudimos editar 
    (U-matic lineal, claro) gracias al apoyo de Fernando Da Rosa y Daniel Márquez de Imágenes
    y hasta la Coca Cola nos terminó poniendo unos dólares para los gastos a cambio 
    de un disimuladísimo cartel en la estación de tren Colón/Sansueña. Ironías. 

    Esta foto es muy Darno, me gusta mucho y la tengo enmarcada en mi altillo. 

    Es el primer año que no vivo esta fecha con el alma apretujada por la tristeza. Estoy segura 
    de que el Darno flota en el aire, invisible, como mágico polen. Y que tarde o temprano
    encontrará la forma de echar raíces nuevas en otros músicos. 

    La ausencia de Eduardo, eso sí, será para siempre. 

  • El famoso videoclip del Darno

    Bueno, aquí está Sansueña, rodado en 1991 en AFE una noche gélida. Las otras secuencias, en la Estación Colón, desconcertaron a más de uno que vio el letrero de “Sansueña” cuando iba a tomar el tren. Se verá en una de esas tomas que hay un cartelito antiguo de Coca-Cola (“…segunda en ferrocarril”): sea lo que sea, nos dieron un dinerito para contribuir con los gastos, que los bancamos todos nosotros (Alex de Alava, Agamenón Castrillón, que fue el autor de la idea, Mintxo Martincorena y una servidora). El clip fue editado offline en una institución pública que no mencionaré para no comprometer a nadie, y hay varias anécdotas sabrosas en torno a estos minutitos. Nunca imaginamos que sería el único video de la carrera del Darno (y ahora sí, el único). Lo que se escucha al principio es el final del track anterior, “Ni siquiera las flores” (que era lo que se escuchaba en el velorio real al llegar, por cierto, o al menos yo me lo imaginé así). La canción que Eduardo canta al final en la estación, parado e iluminado, es “A hard rain´s gonna fall” de Bob Dylan. Nunca me gustó que no coincidiera con lo que se escucha en el audio.Visto a la distancia, es un poco ingenuo a nivel de lenguaje, pero es lo que hay y ¡son más de quince años! De todos modos, esa toma casi al final del Darno fumando y mirando por la ventanilla del tren vale todo.

    “Sansueña” ganó segundo lugar en un concurso organizado por la Presidencia de la República (el primero fue de Laura Canoura) y representó a Uruguay en su stand durante la ExpoSevilla 92. Yo escribí un guión para “De los relojeros”, que iba a filmarse en Amarcord (en mi mente, claro), pero al final nunca lo concretamos. Y los relojes siguieron adelante sin piedad.

  • El edificio de enfrente

    Anoche caminamos todo Ellauri con Astor y con G.; se supone que íbamos a mostrarle dónde vivíamos antes. “Primero vivía mamá sola allí…”, dijo G. “¡Ato!”, contestó sonriendo el otro. “Bueno, sí: Astor estaba pero no se veía”.

    Ibamos llegando a mi famoso edificio, a la casa donde más tiempo viví en mi vida (13 años), a la única estable del traqueteo de mudanzas, ciudades, estadías, exilios, cambios; a “la taquicardia, el ritmo binario de caminar por la calle Ellauri“, al decir de D. (inevitable fue recordarlo, por lo mismo); y ahí lo vi de pronto.

    Edificio Sansueña.

    A pocos metros de la casa de mi juventud, casi casi el edificio de enfrente. Qué ironía.

    Y ahora para colmos sé (tarde) que Sansueña es, además, un pueblo español, no una geografía exclusivamente darnauchaniana. O sea que ni siquiera derechos de autor le podrán exigir al constructor o al dueño, pero las circunstancias de la pérdida del trovador les vendrá al pelo para vender lofts y garages con tufo a posteridad.

    En la carta, D. me mandaba, entre otras cosas, “un ramito de Jazmín, una botella de 1/2 y 1/2, un vintén verdinoso, un relojero, tres flores de Lis, y un boleto con destino a Sansueña.com.uy”

  • Ser de Sansueña

    Ser de Sansueña

    Acaso allí estará, cuatro costados

    Bañados en los mares, al centro la meseta

    Ardiente y andrajosa. Es ella, la madrastra

    Original de tantos, como tú, dolidos

    De ella y por ella dolientes.


    Es la tierra imposible, que a su imagen te hizo

    Para de sí arrojarte. En ella el hombre

    Que otra cosa no pudo, por error naciendo,

    Sucumbe de verdad, y como en pago

    Ocasional de otros errores inmortales.


    Inalterable, en violento claroscuro,

    Mírala, piénsala. Árida tierra, cielo fértil,

    Con nieves y resoles, riadas y sequías;

    Almendros y chumberas, espartos y naranjos

    Crecen en ella, ya desierto, ya oasis.


    Junto a la iglesia está la casa llana,

    Al lado del palacio está la timba,

    El alarido ronco junto a la voz serena,

    El amor junto alodio, y la caricia junto

    A la puñalada. Allí es extremo todo.


    La nobleza plebeya, el populacho noble,

    La pueblan; dando terratenientes y toreros,

    Curas y caballistas, vagos y visionarios,

    Guapos y guerrilleros. Tú compatriota,

    Bien que ello te repugne, de su fauna.


    Las cosas tienen precio. Lo es del poderío

    La corrupción, del amor la no correspondencia;

    y ser de aquella tierra lo pagas con no serIo

    De ninguna: deambular, vacuo y nulo,

    Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.


    Si en otro tiempo hubiera sido nuestra.

    Cuando gentes extrañas la temían y odiaban,

    y mucho era ser de ella; cuando toda

    Su sinrazón congénita, ya locura hoy,

    Como admirable paradoja se imponía.


    Vivieron muerte, sí, pero con gloria

    Monstruosa. Hoy la vida morimos

    En ajeno rincón. Y mientras tanto

    Los gusanos, de ella y su ruina irreparable,

    crecen, prosperan.


    Vivir para ver esto.

    Vivir para ver esto.


    (Luis Cernuda)