Etiqueta: trabajo

  • Pescando mis pedacitos mágicos

    Al fin! Hace como veinte días que no escribo nada aquí, y no porque no haya tenido qué: ha sido una locura, interna y externa. Tendría que haber subido unos tres posts por día, mínimo, pero no tiene gracia hacerlo ahora. Lo que pasó, ya pasó, por lo menos lo inmediato. Lo otro se decanta, se aquieta, deja ver figuras reflejadas o se pierde para siempre.

    Pero marco mi lugar en el río, tiro mi caña al agua, me tapo el sol con el sombrero y me echo hacia atrás. Mañana vuelvo, espero. Mañana empiezo. Mañana, si todavía estoy en este mundo (“El sol saldrá mañana es tan solo una hipótesis”, dicen los solipcistas).

    Estoy embelesada con varias cosas que pasaron. Hay un bebé Theo que me tiene conmovida con su carita de pixeles lejanos. Pasan cosas. Muchas cosas.

    Tengo el alma un poco más liviana que hace unos días. Nunca creí que trabajaría tanto con la escritura y laterales. Y en Uruguay, nada menos! Es sorprendente. El año que viene tendré en cuenta que a veces los milagros suceden.

    Pero por supuesto, extraño escribir. Tanto como a mí misma. Tendré que encontrar un equilibrio. Perderse es mal negocio: preguntar a Fausto.

  • Un poco de deporte nacional


    Nada. Que todos los días me duermo a las 2:00 a.m. Alguien en mi estado existencial de maternidad (con toda la alegría que eso me da, a estas alturas de conocer al maravilloso niño duende de los ojos azul hielo) no puede darse esos lujos porque al otro día la paga *con la saña despiadada del Universo*:

    “Mamá… vino el soi!!!!”

    y la rueda del día empieza, triturando los huesos y la mente, hasta las próximas 2:00 a.m.

    Nunca en la vida se me habían juntado tantas evaluaciones por hacer, atraso, atraso, y entonces me cuesta más encararlas porque me angustio. Mañana me siento y no me paro hasta ponerme al día (no digamos adelantar!). Una vez que empiezo con una, me meto en el asunto y me gusta; lo que no me gusta es la pila sobre mi escritorio virtual!

    Homenaje a Levrero el 31 en la Biblioteca Nacional. Una evaluación literaria de unas 50 páginas. Un texto (lindo, mirada literaria sobre la realidad) a escribir para la revista Dixit. Taller de portales web en la UCU en septiembre. Promoción urgente del taller de mitología y escritura. Y last but not least, los talleres presenciales.

    Pobrecilla de mí, con tanto laburo y casi diluída en internet…

    Lamentablemente y a pesar de la hora, no puedo quejarme: mis trabajos son simplemente maravillosos. La que está cansada y resfriada soy yo. Bolsa de agua caliente conmigo y hasta mañana.

  • Demasiado que decir…

    … para un solo post, y sin embargo falta de concentración, de tiempo, de foco… Tengo ochocientas líneas escritas en la mente, perdidas como espuma estacionada en la arena. En fin, por ahora, vaya sólo esto, punto importante de mis actividades presentes:

    mitologia2007chico.jpg
  • Historia personal y ciclos

    Este post es de febrero de este año, cuando retomé al fin el blog luego de la muerte de Carlitos, que fue el motivo inicial para crearlo. Es una situación igualita a la que vivo ahora, sólo que en el taller de invierno son diez nada más. Ha sido precioso ver cómo el grupo se va armando, cómo empiezan a confiar, a conectarse consigo mismos escribiendo y recordando. Cómo todos nos vamos llenando de historias y personajes nuevos! Darle un sentido, una lectura a lo que uno vive es esencial. Parece que nuestra vida contemporánea estuviera organizada en torno a vaciar a la gente, a arrebatarles el significado de las cosas, a desconectarlos (nos), precisamente.

    13.2.07
    Historia personal

    Es difícil escribir sobre la propia historia personal cuando se está inmerso de repente en los procesos de historia personal de los demás. Entre talleres presenciales y virtuales, en este momento tengo 25 alumnos buceando -o aprestándose a hacerlo- en las profundidades de su memoria y de su identidad. Me siento como una partera preparando su instrumental.

  • ¡Tan bien que me llevaba con este invierno…

    … y me hizo esta traición de enfermarme, como a todos los demás, luego de esta ola polar (literalmente: estamos casi en el Polo Sur)!

    Es posible que necesitara parar y dejar vagar la mente. Hace mucho, mucho tiempo que no tengo ni una gota de aire para mí, que no tengo cuándo escribir, que los contactos conmigo misma se están limitando a este esporádico blog y algún sueño desordenadamente registrado. Por supuesto, con mucha satisfacción personal por los talleres, lo bien que marcha la gente y todo lo que se recibe en ese sentido. Pero esa es mi labor de partera: yo también tengo procesos y obras que parir, tarde o temprano. Es demasiada postergación, casi cuatro años. Necesitaría que mi hermanito (Levrero, no el Mopri) me puteara como sólo él lo sabía hacer. Aunque cuando él me puteaba yo no tenía a Astor: no encarar mis vocaciones y misiones de vida tenía que ver sólo con mis propias niñerías.

    Y claro, una gripe fulminante (para colmos, con trabajo en curso, aunque por lo menos logré encarar la culpa de suspender el taller de hoy jueves) no es lo que se dice un oasis de reencuentro con uno mismo…

    Es muy difícil parir a los hijos con dolor (es decir, hacerlo día a día), ganar el pan con el sudor de la frente y además necesitar desesperadamente escribir, estar solo, contemplar, incubar, dejar hacer.

    Si encuentro una solución para este dilema la publicaré en el blog, no se preocupen, chicas, escribas modernas del siempre agobiante y malabarista XX (qué clavo la liberación femenina, Dios mío!)

  • Aleluya!

    Por fin voy a empezar la semana que viene sólo con el trabajo “normal”, no con pendientes, postergaciones, atrasos… ¡Me parece mentira!

    Me voy a tomar varias copas de vino para celebrarlo. Y volveré al blog: no he podido escribir precisamente por tanto que hacer en la Tierra, pero extraño la práctica espiritual del asunto.

    Cómo me gustaría poder organizar mi altillo, sepultura en vida de papeles. Parece que el tiempo se ha convertido en una necesidad imperiosa, en una sed desgastante.