Etiqueta: ángeles

  • Ángeles y demonios en las pupilas

    Era uno de esos días en que, como todos los días, llevé a Astor a la escuelita de mañana. En la última calle a cruzar había un camión estacionado que nos tapaba la vista; de pronto, apareció un hombre muy sucio, con mucha barba y el pelo alborotado. Era bastante bajo, lo que con esa ropa tan ajada y la cara de loco terminaba dando una impresión general de duende. Tenía los ojitos azules chispeantes, y gritaba hacia el camión: “Knorr te quiere ayudar, Knorr te quiere ayudar!!!!”. No sé si iba descalzo porque no quise mirarlo demasiado, pero sí, me pareció que sí, y que tenía los pantalones enormes, y que se reía entre todo ese griterío aparentemente sin sentido.

    Lo esquivé con Astor de la manito (es difícil explicarle esas cosas a un niño, precisamente porque uno no las entiende del todo) y crucé la calle mientras el duende/demonio seguía con sus saltos y risotadas frente a algo que nadie –fuera de él– entendía. No sé por qué, lo de que “Knorr te quiere ayudar” me sonaba amargamente irónico, pero no puedo transmitirlo. Quizás porque es una marca de sopa, y él estaría hambriento, y nadie lo ayudaba.

    Entonces miré hacia atrás y en la misma esquina donde días atrás había sufrido por el pobre hombre que dormía a la intemperie, tirado, muerto de frío, aquel ante el que me salió exclamar: “¡Angelito!”, vi las frazadas amontonadas.

    Mi ángel doliente era ahora un demonio que me podía dañar… No se me borra de la memoria su expresión insana, su mirada azul sarcástica frente al mundo, su corta estatura saltarina.

    Ya sé, no es ninguna novedad. Finalmente, todo es cuestión de miradas. No se salvan ni los demonios ni los ángeles.

  • Frío (también en el alma)

    Hoy amaneció muy frío. Llevé a Astor a la escuelita, como todas las mañanas.

    Cuando volvía, vi a un hombre durmiendo en una esquina a la intemperie, o a algo que recordaba a un hombre pues estaba tapado totalmente con una frazada: la cabeza, todo. Estaba en posición casi fetal, como si así pudiera reciclar su propio calor para mantenerse con vida o para que el frío simplemente arrinconara menos. A su lado había un paquete con sus objetos personales, supongo.

    Me dolío su frío. Yo venía con bufanda y con la capucha del abrigo puesta. Hubiera querido traerle una frazada más, abrazarlo, invitarle una grappa miel, pero ya no soy alumna de la escuelita de Astor como para creer que eso es posible. Pasé por delante; no pude evitar exclamar: “¡Ay, angelito!”. Pero seguí mi camino.

    Después pensé que había cierta posibilidad de que él me hubiera escuchado, de que estuviera despierto. Aunque seguro nunca se le ocurrió que el ángelito fuera él. Sentí que una parte de mí misma estaba allí tirada, sin casa, tiritando de frío, pero seguí mi camino.

    Yo me enojo tanto con la humanidad a cada rato porque ando por el mundo en carne viva. Pero igual seguí mi camino.

  • Amores complicados

    Lo nuestro es imposible –dijo ella. –Allá donde estás ahora, mis incógnitas son tema de chiste en los saunas de los ángeles.


    (Textito # 4302, presentado en TCQ, el PRIMER concurso literario por SMS, que fue organizado por el programa “Sopa de Letras” y la Biblioteca Nacional el año pasado, en MONTEVIDEO, URUGUAY -y aunque estemos en el fin del mundo, es así-. Total de textos enviados por la gente: 42,000!)