Etiqueta: Sun Tzu

  • Sobres azules | 5 | Últimos del año (2012)

    Sobres azules | 5 | Últimos del año (2012)

    29.
    Cada vez
    que me fui a vivir para siempre a
    otro país, me hubiera gustado haberme despedido en el aeropuerto agitando un pa
    ñuelo,
    igual que hacen en las películas. Un pañuelo blanco, como una bandera blanca de
    rendición. “Paren, no tiren más, piedad, me rindo”.


    30.
    omni amans militat
    todo amante es un soldado
    la bota en la cara
    el barro
    el amor a la patria
    y a la matria
    todo amante es un soldado
    obediencia
    sumisión
    estar dispuesto a ir a la guerra
    estar obligado a ir a la guerra
    estar fascinado con ir a la
    guerra
    todo amante es un soldado
    un pobre soldado que acata las órdenes
    de su loco general
    ese
    experto en estrategias
    y en sitiar ciudades
    nomás para divertirse.


    31.
    qué me vas a dar
    el aire por la boca
    el ancla
    el salvataje
    la vuelta a la superficie
    el adiós a la sirena
    la bendición de respirar.


    32.
    Era un hilo interminable que se
    entretejía con mis dedos, acariciaba mis canas, prometía durar, creía que
    duraría, se enredaba para no cortarse, se enmadejaba para volver a empezar,
    acariciaba sus mejillas, se entretejía en sus brazos, prometía durar, creía que
    duraría, no se cortaba con tal de hacerse interminable.
  • Sobres azules | 3 (2012)

    Sobres azules | 3 (2012)

    17.
    “Cruel en el cartel”.
    Es duro ver su rostro transformado por la edad, la magia a punto de quedar
    domesticada, tener que mirar a través para poder encontrarlo. Lo malo es que
    igual lo encuentro, tarde o temprano, escondido en el cartel.
    18.
    Condenada al cisne
    blanco. Qué bien. No, ya no: el cisne blanco termina asfixiando con sus espejos
    inmaculados. Es el cisne negro, el exiliado, el que está mucho más cerca de la
    vida. “Yo no quiero reincidir en mi inocencia: yo quiero el placer de volverla
    a perder”, masculla Fitzgerald, malhumorado, en un rincón. Y entonces llega,
    fulminante, la mala noticia: la vida tarde o temprano tendrá que destruir, ser
    egoísta, usar dolientes canales de parto para poder abrirse paso. Cisnes negros
    que irrumpen. Distintas formas de condena.
    19.
    “Alto. Hasta aquí
    llegaste”. El tobillo me lo advirtió: “Estás tropezando con la misma piedra y
    no han pasado ni dos meses”. Luego el médico mencionó la posibilidad de una
    fractura, pero no le creí. “Estoy magnificando, no debe ser para tanto”, me
    dije.

    Todavía me duele.

    Son mal negocio las
    fracturas. Uno no avanza, no puede caminar libre.
    20.
    Los encuentros eran
    breves. No importa. Breves como el café ristretto;
    como el café ristretto,
    intensos.  Lo caliente, lo fuerte, lo
    escaso: todo eso es bendición en el reino del café, opinaba el abuelo que
    alguna vez fue casi mío. Lo más importante es que no sea amargo, acoto yo. He
    decidido que no quiero nada amargo.
    21.
    Aquellas noches de
    interminables parpadeos hipnóticos, sola en aquella casa tan sola. Una casa
    embrujada o, mejor dicho, con invisibles cicatrices de violencia que únicamente
    yo percibía. El ruido del aire acondicionado. Ir a la cocina a servirme más
    café y sentir el escalofrío por  la
    espalda. En la isla de edición, los monitores siempre titilando.

    Ya de madrugada, la
    sirena de policía, algún escándalo, el golpe de un travesti o rufián que era empujado
    contra la puerta de la casa. Los hombres que alguna vez editaron conmigo en
    aquellos horarios, tan sórdidos e inusuales, pasaron mucho más miedo que yo.

    Por suerte, la casa tenía
    rejas (algunas rejas protegen). Yo llamaba al taxi y esperaba adentro hasta el
    último minuto: no quería arriesgar a la casa esa, me sentía responsable. Ponía
    la alarma y cerraba la puerta.

    La vida circundante de
    Maldonado y Yaro.
    22.
    Suben los globos
    morados, naranjas, rojos. Aplauden al futuro viajero: es el primer viaje en
    avión que recordará más adelante. Él calla, y sin embargo observa todo muy
    atento. Quién sabe qué pasará por su cabeza.

    Yo me fui a su edad
    también, pero mi pasaje era solo de ida.

    Vuelve a casa con un gran
    globo naranja que, con los días, se termina desinflando.
    23.
    Prescindir de la
    lógica gladiador: mejor Sun Tzu. Esquivar el golpe gladiador: mejor fluir.
    Renunciar a las caricias gladiador: mejor la ermita. Aguantar la ira gladiador:
    mejor la estrategia a largo plazo.
    24.
    Las nubes tapan el sol
    de golpe, sí. Pero no quiere decir que se hayan formado en ese mismo momento. 
  • Sobres azules | 2 (2012)

    Sobres azules | 2 (2012)

    9.

    La palabra “nido” tiene connotaciones acerca de las que nadie me preguntó. Love nest. Dejar el nido. Anidar en el útero. Todo tiene que ver con los vínculos afectivos. Debo estar susceptible en la materia. Nido. Permanecer. Nido. Volar. Gritar tero en una parte y tener en otra el nido. El arte de la guerra.

    10.

    Los lentes para poder ver. Muy bien. Ahora veo. Y no tengo ninguna intención de renunciar al paraíso de la selva, a mi propia belleza antes borrosa. “Miopía, astigmatismo y presbicia”, dijeron ellos sin decir palabra.

    11.

    La cinta costera no invita para nada a contemplar el océano Pacífico: siempre está nublado en estos días. Por un lado, los rayos y truenos que profetizan la lluvia colérica que volverá a caer dentro de instantes; por otro, la marea baja, mundo de lodo, despojada, un océano sin agua.

    No tengo ganas de estar acá. La nostalgia nubosa tropical sencillamente no funciona.

    12.

    El escenario de siempre, con su embriagante humareda de luces, de nunca antes, de ahora sí. Embriaguez. No encontrar el propio cuerpo, o, feliz, desentenderse de él. Luego, la música in situ que lo hacía a uno saltar en mil pedazos. El bar Nueve. Big Bang del Sí Mismo. Dionisos. Nietzsche.

    13.

    Nunca quise humillar: un día, el óxido de los cerrojos sencillamente me venció.

    14.

    Morder su cuello. No como lo haría un vampiro sediento, depredador: yo quisiera morder su cuello como un cachorro jugando, una y otra vez, de un lado, del otro, y alternando los suaves mordiscos con besos, con mejillas restregadas, la irritación de la piel suave contra la barba que amenaza con asomar. Quizás mordiera una vez, o dos veces, no lo sé (jamás se debería dejar rastros). Como un cachorro, jugando. No mucho más. Sí, eso quizás haría.

    15.

    En un minuto cabe este texto. Y la consigna de Levrero de un minuto. Y el vals de un minuto de Chopin. Y el mundo de un editor de spots publicitarios. No es poca cosa un minuto. Un minuto más de vida, podría implorarse, por ejemplo.

    16.

    Niño sandía, burbujeante, aceitoso como un delfín, impredecible, ígneo, imposible, angelito durmiente.